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Etnairis Rivera
Puerto Rico
Intervenidos
Este es el canto justiciero, como lo son mis ojos y el amor, nuestra piel en lucha.
El mercader del oprobio se sienta sobre el planeta con sus marinos y soldaditos y bases aéreas.
Ante las paredes de la bestia, seamos como el amanecer
inviolable, sabio y locamente santo.
Ante los demonios del imperio, seamos ángeles libertarios,
expertos saboteadores de las noches ocupadas por marines,
de la tierra tuya y mía ocupada por marines y supertanqueros y mucho inglés
y poca leche y poco arroz y ningún día libre, verdadero, digo como para decir:
no más yanquis, no más bombas, no más ladrones del futuro, ¡no más guerra!
Este es nuestro canto, la atrevida crónica de las Antillas colonizadas, dominadas.
Cuenta tus horas, antifaz de la muerte, mientras tomas de la copa del dólar,
cuenta tu aire.
La isla nena tiene un corazón intervenido que aún late y alberga estrellas de mar transparente,
como una gema lustrosa crucificada de minas, un corazón que resiste el rapto, la radiación, el ultraje,
la burla, el militarismo, la pena.
Esta isla, bendita gracia y puñal sangriento, esta isla que asfixia a sus poetas.
Oh, síndrome de amor, oh augurio, oh tierra que se anuda a tu sangre y persigue tu sueño más allá
de la frontera de la lengua,
oh calvario de amor para una isla minúscula invadida con mayúscula alevosía,
oh lágrima inútil del poeta que muere sin ver su cielo liberado.
Este es nuestro canto.
El que sienta miedo, que respire hondo, que piense en el mar,
en el beso de su amante, el dragón que danza en su boca y le concede el don de levantar la alegría,
de anular la tristeza, en su cuerpo desnudo, enloquecido corazón y su rito,
más alto que la cima sagrada para adorarlo,
como a la paz, más duro que el árbol de todos los hechizos donde nada muere,
más fogoso, que renace del polvo, embriagado de vida...
Este es nuestro canto.
(Poema leído en la clausura del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia)
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